Perdía la batalla contra su enfermedad, hasta que movió la mano y…

La enfermedad fue tan fulminante que en el transcurso de un mes los médicos creyeron que el niño no sobreviviría y sus padres tuvieron que tomar la dolorosa decisión de despedirse de él para siempre.

Justo cuando los doctores se preparaban para desconectar la máquina de oxígeno a la que estuvo conectado todo ese tiempo, los padres lo vieron moverse en la cama, lo que demostró que tenía función cerebral.

En ese momento la esperanza volvió y desde entonces Dylan lleva dos años luchando por su vida.

Permaneció en el hospital recibiendo los cuidados necesarios y justo antes de Pascua del siguiente año fue dado de alta, pudo regresar a su hogar y se convirtió en un milagro para sus padres.

“Era fuerte en la creencia de que Dylan era nuestro milagro de Pascua”, asegura Kerry Askin, madre del menor.

“Cuando le dijimos a nuestro hijo mayor, él dijo: ‘él es como Jesús’, porque lo había estado aprendiendo en la escuela”, agregó la mujer.

Dylan tenía un raro cáncer llamado Histiocitosis Pulmonar de células de Langerhans, que provoca la formación de quistes, especialistas en la Unidad de Alta Dependencia en Nottingham revelaron que sus pulmones estaban cubiertos en un 80% de nódulos.

Poco a poco los doctores comenzaron a perder la fe, también lo hicieron sus padres. “El Viernes Santo nos dijeron que las cosas se veían sombrías y que no íbamos a recuperarlo”, relató la madre a Daily Mail.

‘Todas las configuraciones en todas las máquinas estaban en su punto más alto y todavía estaba luchando. Lo hicimos bautizar, toda su familia vino de todas partes para despedirse, incluido su hermano mayor“.

Pero cuando los médicos retiraron su medicación y comenzaron a sedarlo, su frecuencia cardíaca bajó a niveles normales. Cuando vieron que el pequeño comenzó a moverse, todo cambió.

Los médicos aumentaron la sedación y los niveles de saturación de oxígeno, para que el niño pudiera sobrevivir.

Ahora Dylan lleva una vida normal y sus pulmones funcionan mejor de lo esperado. “Es increíble, controlamos sus niveles de oxígeno todo el tiempo y en realidad está funcionando mejor de lo normal”, dijo Mike Askin, padre del menor a Telegraph

“Por la noche, cuando debería estar en torno al 90 y 95 por ciento, está en el 98 por ciento”, asegura.

Respecto a la dura y dolorosa decisión de desconectarlo, sus padres aseguran que tienen sentimientos encontrados ahora, pues la culpa se apodera de ellos.

“Nos sentimos tan mal cuando tuvimos que decirle adiós. Incluso cuando se recuperó, hubo sentimientos encontrados: me sentí culpable por haber aceptado apagar la máquina”, confesó el padre.

Lo bueno es que ahora el niño es feliz junto a su familia y seres queridos y sabemos que como padres esa debió ser una de las decisiones más amargas de toda su vida

 

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