La historia jamás contada de Carolina Herrera

Su verdadero nombre es María Carolina Josefina Pacanins Niño, acaba de cumplir 78 años y es la diseñadora más famosa del planeta e hija del comandante Guillermo Pacanins Acevedo, gobernador de Caracas entre 1950 y 1958, y María Cristina Niño Passios. Pertenece a una famila venezolana acomodada, acostumbrada a las fiestas y las galas.

Hoy en día su marca factura (según The New York Times, porque ella dice no saberlo) más de 1.000 millones de pesos.

Entre su línea más exitosa está “Carolina Herrera New York”, con tiendas propias y puntos de venta solo en EE UU, una segunda cadena más asequible que es “CH”, con más de 150 locales en todo el mundo, que incluye hombre, mujer y complementos.

Cuenta con varios establecimientos de su potente división de novias y sobre todo de su poderosa gama de perfumes creados y comercializados desde 1988 por Puig, y que se distribuyen a través de 25.000 espacios en los cinco continentes.

 

La diseñadora encontró su primer amor a los 18 años y para su desgracia fue matrimonio infeliz a lado de Guillermo Behrens Tello, con quien tuvo sus dos primeras hijas.

 

Después de un divorcio escandaloso, en 1969 se casó con el aristócrata venezolano Reinaldo Herrera, de donde proviene su tan famoso nombre, Carolina Herrera.

Él era editor de la revista Vanity Fair, quien se dice había sido amante de la primera mujer de Onassis. También era amigo de los Rothschild, los Agnelli y varias familias reales. Con Reinaldo tuvo otras dos hijas.

De la noche a la mañana se convirtió en diseñadora. No había pasado por ninguna escuela. Se había casado con 18 años. Pero como ella lo dijo.

“Tenía ojo e instinto. Y en este negocio eso es más importante que saber cortar o pegar un botón. Yo tengo las ideas y detrás hay un equipo que procede de las grandes casas. Les explico lo que quiero; les digo cómo quiero las mangas y los hombros, el largo de la falda, la cintura, la mezcla de colores”, mencionó.

“Hay que tener sentido de la proporción, del color, de las formas. Y eso no se aprende. Se tiene. La moda es para agradar al ojo. Y yo tengo ojo. Sé lo que sienta bien. Veo estudiantes que se han graduado en las grandes escuelas y no llegan a nada porque son demasiado técnicos. No transmiten. No tienen imaginación. La moda es un sueño que se tiene que convertir en realidad. En la vida hay que dejar espacio a la fantasía”, culminó.

Durante su infancia, a los trece años para ser exactos, su abuela le presentó a Balenciaga y estaba acostumbrada desde pequeña a vestir con la Alta Costura. En su primer baile lució un vestido de Lanvin.

“Me educaron para estar en mi casa. Y estuve conforme con esa existencia hasta que con 42 años pegué la espantá, como los toreros. En mi vida solo había trabajado seis meses, como relaciones públicas del modista Emilio Pucci en Caracas”.

“De pronto me entró la necesidad de hacer algo en la moda; era algo que tenía dentro, como larvado, dormido, y aquí, en Nueva York, me abrieron las puertas para desarrollarlo. Y aquí nos vinimos a vivir. Los estadounidenses son gente muy generosa. Si tienes talento, te abren las puertas”, comentó.

El reportero de El País, el Lic. en Ciencias de la Información, Jesús Rodríguez le cuestionó sobre su pasado y esto fue lo que ella confesó. ¿No era un capricho de señora desocupada?

“Eso pensaban. Decían que me iba a aburrir. Y llevo 35 años. Y en esto tienes que echarle 12 horas diarias. Es un trabajo durísimo. A mí me animó Diana Vreeland (la legendaria editora de Harper’s Bazaar y Vogue); fue mi mentora. En 1980 le dije que quería hacer estampados para telas. Y me contestó: “¡Qué aburrimiento! Déjate de tonterías. ¿Por qué no haces una colección de moda?”. Ahí me entró el gusanillo. La suerte fue que mi marido me apoyó”.

Le repetía: “Lo puedes hacer y lo tienes que hacer”. Tuve suerte con Reinaldo, porque si tu pareja te machaca, no consigues nada; no levantas el vuelo.

Jesús insistente le vuelve a preguntar: ¿No fue un antojo que le ha salido bien? A lo que ella, muy segura de sí misma respondió:

Ya le he dicho que no. Antes de la primera colección, que la presentamos en abril de 1981 en el elegante Metropolitan Club, ya había una compañía constituida. Necesitas tener una base industrial y de distribución. Yo no salí a desfilar en 1981 sin tener establecida una empresa. Lo vi muy claro. Y lo hice con mi primer partner, Armando de Armas, que era un editor venezolano, al 50%.

Aquella primera colección de Carolina Herrera fue un bombazo social, con Warhol y Bianca Jagger en la primera fila, que eran su punto clave en esos eventos. Aunque cosechó malas críticas en la prensa especializada, la pasarela se vendió bien.

Pronto ocupó los estantes de tiendas importantes en todo Nueva York, sobre todo, el escaparate de Martha’s, la boutique más sofisticada de Park Avenue.

La publicidad más eficaz de la diseñadora novata serían sus distinguidos clientes, empezando por su vecina Jacqueline Kennedy, a la que vestiría y reinventaría hasta su muerte, en 1994.

Siempre se le ha cuestionado sobre su nacionalidad, debido a donde nació y radica, esto es lo que ella siempre dice al respecto.

“Soy una diseñadora estadounidense, siempre he trabajado en Estados Unidos. Me encanta Caracas, me encanta Venezuela, pero qué le voy a hacer, siempre he trabajado aquí. Soy una diseñadora estadounidense”, recalca.

Carolina Herrera tiene también el récord de haber vestido a más habitantes de la Casa Blanca que ningún otro diseñador de la historia. Después de Jackie K. O., pasarían por su estudio Nancy Reagan, Hillary Clinton, Laura Bush y Michelle Obama, que se despidió de la presidencia con un modelo de Carolina Herrera en la portada de Vogue.

La señora nunca tuvo prejuicios de si eran demócratas o republicanas. Incluso vistió a la primera y a la segunda esposa del presidente de EE.UU. Donald Trump, Ivana y Marla, y hoy afirma que “sería un gran honor hacerlo con la nueva primera dama, Melania Trump”, algo a lo que se han negado otros dos grandes modistas americanos, Tom Ford y Marc Jacobs.

En 1988 Carolina daba el mayor salto de su carrera firmando un acuerdo con Puig, la multinacional española de la perfumería y la moda creada en 1914 y una de las seis más importantes del mundo, para realizar un perfume que le iba a dar máxima proyección mundial y tras el que llegarían una veintena más de fragancias.

La emperatriz de la moda, recibió el prestigioso Women’s Leadership Award por sus 35 años en la industria, vestida de largo, negro y lunares blancos en el famoso Lincoln Center, donde estuvieron reunidos, las chicas de moda, actrices, modelos, aristócratas y millonarios, en entre ellos apellidos latinos y europeos.

Un aniversario que también ha celebrado con la publicación de un libro de lujo y fotografía, donde se vio nerviosa, pero con actitud de anfitrión de la noche, a lo que dijo.

“No nací para ser una persona pública. Me educaron para ser privada. No me gusta ser la protagonista. Pero qué remedio…”, dijo entre cuchicheos.

En estos momentos Tiene 78 años y niega cualquier posibilidad de retirada. Ni hablar de sucesión. Ella es Carolina Herrera. quien ya dijo, “Y no voy a dar ni un paso atrás”.

Por último, Jesús Rodríguez describe la experiencia de estar frente a ella preguntándole sobre su vida, y esto fue lo que confesó:

Aunque a su lado uno piensa que quizá sea una carga demasiado pesada para esos frágiles hombros. Ella no se atemoriza. Sonríe a todos. Lanza un breve discurso de agradecimiento que concluye con un vibrante: God Bless America

Cuando todo termina, me comenta: “¿Le ha gustado? He hablado poquitico porque la gente se aburre y no es cuestión de amargarles la noche y menos antes de cenar”. Echa la cabeza para atrás y se ríe con ganas. Es la emperatriz de Manhattan.

Sin duda alguna, esta mujer nos inspira con cada cosa que hace o dice, definitivamente un ejemplo de mujer ALFA, una que va con fuerza y no se quita, sólo espero que cuando yo sea grande sea como mi modelo a seguir, la señora Carolina Herrera.

 

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